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Descargas, derechos de autor y sanguijuelas


¿Qué mejor manera de ordenar pensamientos, de clarificar ideas, que ponerlos por escrito? ¿Y qué mejor manera de conocer otras opiniones, y de así enriquecer las propias, que “postearlo” en un blog?
Y el caso es que, no habiéndole prestado mucha atención a la controversia alrededor de la llamada “Ley Sinde”, creí que ya era hora de leer un poco al respecto...
¿Cuál es el problema de fondo? ¿A qué y por qué se oponen las asociaciones de internautas y algunos partidos políticos? ¿Por qué la promueve el partido del gobierno y la apoyan algunos expertos, creadores y sociedades de autores? Aunque algunas de estas preguntas tienen aparentemente una respuesta fácil e inmediata, quizás no sea realmente como nos parece a simple vista...
Pero lo que subyace a todo ello, la madre de todas las preguntas, la que deberíamos responder antes de juzgar si lo propuesto está bien o mal implementado, es: ¿Estamos o no a favor de que se traten de evitar las descargas ilegales? Y por ende ¿Consideramos justos, tal y como están actualmente considerados, esa cosa que llamamos los derechos de autor? Es ese punto el que me interesaría aclarar.

Hay quien ve (alimenta), aviesas intenciones detrás de la redacción de esta ley: que si es un atentado contra la libertad de expresión, que si puede servir para cerrar en el futuro (por no sé qué atajo legal) webs críticas con el gobierno de turno, que si ya existe una ley que permite cerrar algunas webs de ese estilo para qué queremos otra, etc.
Por otro lado, los autores se quejan de que quedan desamparados y que no se protege convenientemente sus creaciones, condenando la difusión de sus obras a una gradual disminución, una considerable pérdida de ingresos, así como a la desaparición de miles de puestos de trabajo asociados a la difusión y comercialización de dichas obras.
Como digo, es posible que lo propuesto por el gobierno sea un truño, o quizás no, pero no es lo que más me importa aclarar(me). Antes de ponernos a pensar acerca de si la ley tumbada recientemente está bien o mal, deberíamos responder a las preguntas que sugería antes: ¿cuál es nuestra posición respecto a que los autores sigan cobrando por sus creaciones, tal y como lo venían haciendo hasta que la tecnología evolucionó y permitió las grabaciones (primero casettes, luego cintas de video, CDs, DVDs, Discos duros, Dispositivos móviles, etc.)?

Antes, si querías ver una peli o la veías en el cine o esperabas a que la pusieran en la televisión. Si querías un LP de 33 o 45 rpm, te lo comprabas o te lo comprabas. De repente los videos (VHS, Beta y 2000) y las cintas de audio (casettes o tape) permitían grabarte unos y otros, y compartirlo con tus colegas. O bien ibas al rastro y te comprabas una cinta grabada del último disco de X. Como la calidad de las copias analógicas era menor que el original, no se tomaron más que tímidas medidas para remediar este pirateo. Algunas pelis del videoclub venían con protección anti-copia, y algún que otro poli municipal decía a los vendedores del rastro que levantaran el tenderete. Con la proliferación de los contenidos digitales la cosa se complicó. A los discos en formato CD no tardaron en seguirles los CDs grabables. Y ahora la copia podía ser de igual calidad que el original. Peligro. Con los DVDs idem. Y cuando el acceso a Internet se popularizó y las redes P2P permitieron compartir tus contenidos igual que cuando antes le llevabas a tu vecino la cinta grabada del último disco de X, la cosa explotó. Líos judiciales, webs cerradas, creadores de aplicaciones condenados, etc. El mundo ha cambiado y se ha hecho muy fácil copiar, compartir, descargar contenidos. La industria se ha quedado atrás y ahora lucha por recuperar terreno.

Por supuesto, al hilo de todos estos avances tecnológicos, siempre han existido sectores que han sacado tajada y a los que nunca se les ha tocado un pelo. ¿Qué hay de los fabricantes de Cadenas musicales que incluían pletinas con función REC? ¿Qué hay de los fabricantes de lectores de CD que permiten la lectura de CDs grabados? ¿Qué hay de las compañías de acceso a Internet que ofrecen más y más MB de velocidad de bajada “con las que poder hacer más descargas que la competencia”? Parece claro que los usuarios/consumidores no han sido los únicos beneficiarios de las pérdidas de los autores/creadores e industria de los contenidos...

Si lo pienso objetivamente, parece lógico que alguien que vive de inventar historias, crear música o hacer películas, deba ver protegidos sus ingresos. De paso, muchos otros puestos de trabajo directos o indirectos (videoclubs, currantes de compañías de discos, productoras, etc.) podrían conservarse.
En el caso de que, por ejemplo, una web ofrezca links de descargas de contenidos por los que no ha pagado, y se lucre a través de la petición de donaciones, inserción de publicidad, o peticiones del envío de SMS para conseguir la descarga, parecería lógico exigir que esa web o pague por esos contenidos o cierre.

Pero dicho esto, me asaltan algunas dudas que querría despejar con vuestra ayuda, queridos lectores (suponiendo que haya alguien ahí ¿¡Hay alguien ahí!?):
¿Qué pasaría con esas webs que no se lucran con la puesta a disposición de todo el mundo de esos contenidos? Se me ocurre que el único que sacaría tajada de ese caso, serían las compañías de acceso a internet ¿habría que meterles mano a ellas?
¿Que pasaría con la compartición libre de contenidos? Si yo me compro un CD, DVD o similar, ¿quién tiene el derecho de impedirme que se lo pueda dar libremente a otra persona? ¿hasta qué punto atento con los derechos de autor en ese caso?
Si yo soy un tío que me paso todos los lunes por la noche grabando CSI de tele5 (cadena abierta que ya ha pagado a la productora por emitir la serie), y luego los edito quitándoles los anuncios, y más tarde los pongo a disposición de todo el mundo gratuitamente ¿estoy haciendo algo malo (éticamente reprobable o legalmente condenable)? ¿e incluso si cobrase por ello (ya que me ha llevado su tiempo y esfuerzo), habiendo obtenido ya la productora unos ingresos por la compra de tele5, qué problema habría con ello? ¿cuántas veces quieren cobrar por cada contenido? Si un contenido (capítulo de serie de TV) ya ha sido emitido gratuitamente para el consumidor en abierto, ¿por que debería existir restricción alguna de la compartición o comercialización de ese contenido redifundido a través de mi persona?

Muchas dudas acerca de cómo debería funcionar esto de pagar por eso que llaman cultura (algunas veces mal llamada), o de cómo deberían obtener compensación los autores por sus creaciones...

Ayuda pido, oh queridos lectores. Pocos pero fieles.
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Declaración de intenciones


Si sigo posponiendo esta entrada, voy a llegar tarde y la noticia se terminará comiendo al informante.

Ayer nos confirmaron que será niño.

La experiencia de la ecografía de las 20 semanas, fue de lo más emocionante que me ha pasado en la vida. Dedos (todos), manos, pies, corazón (cuatro cavidades), cerebro (dos hemisferios), estómago, pulmones, vejiga, pene... Ojos, mofletes, labio superior. Y todas esas cosas juntas forman algo mucho más allá de un cuerpo humano. Se mueve dentro de la bolsa de líquido amniótico, apoya el lado derecho de su cara en la placenta, golpea con su mano la bolsa, llama la atención... Cuando finaliza la ecografía y nos dicen que todo normal, respiro aliviado.
Mientras esperamos a que el tocólogo nos llame para que pueda revisar las decenas de valores obtenidos, Silvia me dice que le toque la barriga. El pequeño golpea con energía, sigue reclamando atención. Como si se hubiese percatado de que hemos dejado de mirar, y nos pidiese que siguieramos prestándole atención. No sabe que es imposible no hacerlo...
Y seguro que tras esta experiencia, se sucederán una tras otra muchas que dejarán a la altura del betún la que ayer viví. Lo estoy deseando. Me resulta difícil expresar cuanto.

Sé que mi vida va a cambiar. Que mis prioridades sufrirán una reordenación drástica. Que algunas de mis actividades dejarán su lugar a otras, que otras muchas se verán terriblemente recortadas y que en compensación otras muchas ocuparán ese tiempo. A veces, peajes que hay que pagar para obtener algo más grande a cambio. Otras pocas veces males menores, y otras muchas, metas largo tiempo anheladas.

Todo eso ¿para qué? ¿Egoísmo? ¿Altruismo? Opiniones para todos los gustos. En mi caso, es cierto que ya me lo pedía el cuerpo, pero también sé que, en tiempos como los que nos tocan vivir, lo mejor que puedes hacer por ti y por los demás, es tratar de mejorar el mundo que te rodea, o al menos tu círculo más cercano.
Unas veces buscamos lograrlo a través de acciones directas, y cuando nos damos cuenta de nuestras limitaciones, volcamos nuestras esperanzas en que otro lo logre. ¿Y qué mejor manera que ayudando a un nuevo ser a encontrar su camino en la sociedad y de paso dejar tras de sí las cosas un poco mejor de como las encontró al llegar? Los resultados están por ver, pero la intención está ahí.

Por último, pienso en cómo el acto de educar, de enseñar a vivir, no debe ser en un solo sentido. En mi caso, espero que con cada día, con cada instante, pueda aprender tanto como él. Cada enseñanza no buscará sólo hacerle mejor individuo, sino que el esfuerzo por ayudarle a encontrar su camino con honradez y respeto a los que le rodean, me ayudará a mi mismo a ser mejor cada día. Y lo sé porque tengo tanto que mejorar y tantas ganas de hacerlo que no creo que me cueste mucho intentar rectificar o pulir comportamientos mejorables, intentar superar mis defectos. De nuevo, al menos esa es mi intención.

Intenciones, ideas, anhelos, deseos, miedos, temores...
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En blanco


Estando como estoy, hasta los mismísimos, de que tengamos que elegir entre unos gobernantes que engañan y una oposición que lo hace con el mismo descaro, de que parezca no haber en el horizonte un partido político sin mancha de uno u otro tipo, me he planteado bien en serio mi voto en blanco para las siguientes elecciones.

El problema es que contamos con el handicap de un sistema electoral caduco que castiga y maltrata determinadas opciones políticas, con la vergonzante connivencia de los partidos mayoritarios (léase PP y PSOE) en contra de lo que ¿exijiría? (meeeeeeeec: utópico) una ciudadanía ¿comprometida? (meeeeeeeec: utópico). Claro está, mi elección personal, manifestada hace unas líneas, está entre las damnificadas. Así pues, ¿tiro mi voto a la basura? ¿Lo acepto alegremente?

Pero no sufráis por mí. No estoy solo en el reino de los disconformes marginados. De todos es sabido que ésta no es la única muesca de injusticia en la cartuchera de nuestro sistema electoral. La circunscripción provincial y la no utilización de los votos descartados tras el reparto de escaños por provincia, también hacen mucho daño a las fuerzas políticas con gran dispersión geográfica, como pueden ser IU o UPyD.

Primer problema: La gente NO sabe nada acerca de cómo funciona esto de los votos. Pero ¿no quiere saber, o no le dejan saber? Quizás ambas cosas...
Segundo problema: Las voces que tratan de alzarse, clamando por un manera más justa de elegir a nuestros ¿representantes? son silenciadas, ignoradas, tachadas de utópicas, de radicales...

Solución: Seguir difundiendo, cada vez más fuerte. No sólo hay que explicar cómo funcionan de verdad las cosas, sino seguir escuchando alternativas, y apoyar aquellas que luchen por cambiar las cosas. En esa línea, me gustaría compartir algunos enlaces que buscan arrojar algo de luz. Podría tratar de explicarlo yo mismo, pero considero que están tan bien explicados que merece la pena que le echéis un vistazo (ver al final del post)

Por mi parte, y aunque considero importante mejorar el reparto de representantes, con lo que estoy cada vez más sensibilizado es con la necesidad de dar un sentido real al VOTO EN BLANCO. Tal y como está actualmente planteado, no difiere en nada del voto nulo. Ambos sirven únicamente para establecer el corte (3%) por debajo del cual se descartan las opciones políticas entre las que se reparten los escaños. Pero ni mucho menos deberían significar lo mismo. Un voto en blanco significa que no te sientes representado por ninguna de las opciones políticas que se presentan. Un voto nulo, es un voto erróneo. ¿Por qué mi voto blanco se considera equivalente a un voto erróneo? Si lo piensas, hay cierta perversión en la idea... Eso en cuanto al VALOR del voto.
En cuanto al SIGNIFICADO del voto, hay gente que opina que un voto blanco quiere decir lo mismo que una abstención. Ni mucho menos. Por ahí no paso. O sea que yo, que creo que esta democracia es lo menos malo a lo que podemos aspirar hoy en día, que yo que hago el esfuerzo de levantarme de mi sofá, ponerme las zapatillas y acercarme hasta la mesa electoral, quiero decir exactamente lo mismo que ese que, o bien cree que con Franco vivíamos mejor, o bien está muy cómodo rascándose la barriga en su sofá, pasando olímpicamente de tomar partido por una opción (o no opción), pero después se sentirá totalmente justificado para quejarse cuando las cosas no se hagan como el quiere, o bien quizás quiera lanzar un mensaje a los políticos a través de su abstención (mensaje que se pierde en ese cajón de sastre que es la abstención, junto con los demás mensajes, más o menos válidos).

Hay una opción política que se presentará a las próximas elecciones autonómicas y nacionales cuyo único objetivo es cambiar el VALOR y reforzar el SIGNIFICADO del VOTO EN BLANCO. Se trata de CIUDADANOS EN BLANCO (CenB).
http://www.ciudadanosenblanco.com/

Su intención es conseguir que el voto en blanco sea computable, y que su traducción en el congreso de los diputados sean escaños VACÍOS. Me encanta. Eso es lo que yo quiero decir cuando voto en blanco. No quiero que me desprecien y se repartan los votos "buenos". ¿Dónde se ve reflejado el sentir de todos esos ciudadanos que han votado en blanco queriendo decir: "Ninguno de ustedes me vale. Pónganse las pilas y traten de convencernos a través de nuevas propuestas, nuevas personas, nuevas ideas..."?

Unos cuantos escaños vacíos (ésta vez de manera justificada), sí que sería un mensaje a esos políticos que nos tienen presos. Para los partidos mayoritarios que se regocijan ante la mierda del voto útil, y para los pequeños que se prostituyen encamándose con los grandes por unas migajas del pastel.

Los enlaces prometidos:
Sobre cómo funciona nuestro sistema electoral (explicado de forma amena y divertida):
http://www.adrianhervella.es/category/politica-para-tontos/

Para que veáis que no sólo es quejarse de lo mal que está el tema sino que, dentro del actual marco de la constitución, se puede mejorar la representatividad:
http://www.lapaginadefinitiva.com/aboix/?p=137

P.D: Igual vosotros tenéis claro a quién votar en las próximas elecciones. Bien por vosotros. Pero igual algún día no lo tenéis tan claro y queréis que el voto en blanco sirva para algo más que para descartar opciones minoritarias. Si es así, no hace falta que votéis a CenB en las próximas elecciones, pero quizás una adhesión al manifiesto (en su web) no estaría de más... Ya veis, otra causa más que perdida a la que me apunto. Si es que algunos no aprendemos...
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REACtivaCIÓN


Después de un periodo de reflexión, y al hilo de la adhesión de JC a lo comentado en la anterior entrada titulada (Des)Información, me gustaría matizar lo dicho en ese mi anterior post.

Sigo hastalasmismísimasnarices de que los mass media nos tomen por borregos, de que nos den gato por liebre y de que nos quieran manejar como se les antoje, al hilo del dictado de sus amos (empresarios y políticos de turno). Sigo cabreado por tener que aguantar toda la sarta de mentiras, de medias verdades, de informaciones tendenciosas... Y en mi descargo, he de decir que entiendo que de vez en cuando me den bajones, y necesite desconectar de todo ese ruido mediático. Por ello, coincido con JC en que es necesario, de vez en cuando, pulsar el botón de stand-by y emplear un ciclo de CPU en adivinar la forma de una nube, o en "perder" dos horas del día leyendo las noticias de deportes, o buscando en youtube cómo se pega esa piña tan graciosa el niño japonés de turno.
A ello nos obliga la evolución del flujo de información y los cada vez más numerosos canales por los que nos llega ésta. Antes no existían tantas ni tan variadas formas de recibir información, y eso hacía menos necesaria la existencia de filtros que evitasen que nos petasen las neuronas. Considero que esa búsqueda de un momento de paz, no es más que un mecanismo de defensa de nuestra mente para evitar el cortocircuito.

Pero ello, no puede llevarnos a esconder la cabeza bajo tierra poniéndonos de perfil cada vez que llega una noticia que nos afecta: una congelación de pensiones, una subida del IVA, unos políticos que engañan, un cargo público que roba, unos jueces que prevarican...
Creo que es nuestro deber, buscar otra fuente y contrastarla. Saber cómo nos afecta y extraer nuestras propias conclusiones. Tener datos para actuar en consecuencia. Y ese es el quid de la cuestión. ACTUAR.

¿Cómo hemos llegado a esta situación en la que nuestros representantes políticos, nuestros cargos públicos, hacen lo que les viene en gana impúnemente? Todos mienten, todos manejan, todos (en mayor o menor medida) buscan su beneficio personal por encima del interés común. Y nosotros nos limitamos a votar cada cuatro años, condicionados por la sarta de mentiras que nos venden los medios de comunicación que van a sacar tajada de la victoria de uno u otro candidato. Roban, mienten, medran y luego compran espacios en los medios de su cuerda para vendernos "su" verdad, o utilizan a los jueces de su bando para salir con más o menos mancha de sus felonías.

La generación anterior a la mia y me temo que todas las posteriores (incluyendo la mia, claroestá), hemos alimentado y permitido este cuadro. Claro, la comodidad era muy tentadora, y realmente no ayudó lo bien que hemos vivido tras el esfuerzo de regeneración que supuso pasar de una dictadura a una democracia, a la que ahora comienzan a vérsele las arrugas, las grietas y las manchas. Al calor del dinero fácil (prestado), de la abundancia y del consumo desatado hemos vivido entretenidos con pisos más mejores, TVs de plasma, ropitas de marca, iphones y viajes al extranjero. Y poco a poco hemos ido adormeciendo nuestro espíritu crítico, nuestro músculo de demanda a nuestros representantes, que sabían cómo mantenernos callados. En contadas ocasiones hemos sacrificado nuestro bienestar para hacernos oír por encima del clin-clin del buen vivir. Dos o tres huelgas generales y otras tantas mega-manifestaciones, es lo máximo que hemos concedido para callar conciencias propias (cuando no hacer seguidismo de determinadas consignas del partido en la oposición o de los sindicatos despechados). Poco a poco hemos ido arrinconando nuestras quejas, nuestras demandas, restringiéndolas a charlas de bar y tertulias con los familiares a la luz de las velas. Allí donde poco daño pueden hacer a quienes mandan, o a quienes quieren mandar y necesitan de nuestro adocenamiento.

Hemos terminado por conformarnos con poner a uno malo para quitar a otro peor, viéndonos obligados a elegir cada cuatro años entre el payaso A y el payaso B porque creemos que no tenemos más que decir. Va siendo hora, de dejar de culpar a nuestros mayores del mundo que nos han dejado y ponernos manos a la obra. Al menos deberíamos INTENTAR cambiar aquello que no nos gusta. Y por supuesto no hablo de esperar cuatro años a meter un papel en una urna para creernos que estamos eligiendo a alguien. Cada vez existen más cauces para intentar influir en las decisiones que toman nuestros gobernantes: asociaciones vecinales, ONG, recogidas de firmas, propuestas de leyes, adhesiones a iniciativas populares...

Por supuesto, no soy tan ingenuo de creer que cualquiera de nosotros pueda tener influencia en todo un pueblo, una ciudad, una región o un país. Nuestro ámbito de influencia es mucho más pequeño: amigos, compañeros de trabajo, familia. Pequeño, pero existe. Debemos estar informados para informar a su vez. Para poder discutir con argumentos. Tener el músculo entrenado para despertar conciencias, para poder abrir mentes (ajenas y propias, que aunque muchas estén más cerradas que ostras, alguna habrá receptiva), para convencer y permitir que nos convenzan.

Y que conste. No creo que todo ese esfuerzo sea merecido por muchos de nuestros "semejantes". Nos rodean grandes cantidades de estupidez que se merecen casi todo lo malo que les pasa. Y claro que me dará por culo, cuando algún gañán se beneficie del esfuerzo realizado por quienes busquemos mejorar las cosas. No lo puedo evitar. Si esas mejoras son aprovechadas por el gilipollas de turno, me taparé la nariz y trataré de convencerme (con gran esfuerzo por mi parte) de que lo hice por mi mismo, y por las personas que aprecio. No me queda otra.

Cada día que pase sin intentar que lo que nos rodea a cada uno de nosotros cambie para mejor, será un día más en el que podremos excusar nuestra cobardía amparándonos en lo injusto que es toda la mierda que nos han dejado, sin darnos cuenta que esa mierda se ha ido acumulando gracias a nuestra pereza, gracias a nuestro reparo a remangarnos y ponernos a limpiar.
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(Des)Información


Esta mañana, escuchando como siempre las noticias en una emisora de radio mientras iba caminando desde mi casa al trabajo, he vuelto a pensar en un asunto recurrente: "cada vez menos noticias, y cada vez más opinión". Y el caso es que, da igual que escuche Punto Radio, Onda Cero o la SER.

Lo mismo pensé el fin de semana pasado, cuando caí en la cuenta de cuánto tiempo llevaba empezando a leer el periódico por la última página. ¿Y por qué? No hacía falta mucho seso para acabar concluyendo que, sin dudarlo, cada vez me sobran más las "noticias" de las secciones de internacional, nacional o economía, entre otras. Prefiero emplear mi tiempo de lectura de prensa en enterarme de cómo está el panorama de televisión/cine, de cómo fueron los eventos deportivos, de las últimas noticias de sociedad, arte o de algún sesudo artículo acerca del impacto de las nuevas tecnologías en la vida diaria de jóvenes y mayores...

Hace no mucho tiempo, escribí una entrada en la que cuestionaba la utilidad de mantenerse informado. No quisiera entrar a fondo en si la "información" que te ofrecen los medios de comunicación tiene o no un aporte REAL en nuestra vida diaria. Sobre eso habría que plantearnos si realmente necesitamos saber todo lo que podemos saber hoy en día. Hace no muchos años, antes de la televisión o incluso de la radio, la gente afrontaba sus quehaceres diarios sin saber lo que había ocurrido en el pueblo de al lado. Y vivía.

Vale que muchas veces, saber por la radio que, por ejemplo, en el pueblo de al lado había una epidemia de viruela venía bien para no acercarse por si las moscas, pero no me saques de ahí amigo. El problema es que, extrapolando en este mundo tan globalizado y con la capacidad de plantarte 3000 kms más allá en un santiamén, no viene mal saber que hay disturbios en Grecia a causa de la huelga general derivada de las medidas anti-crisis tomadas por el gobierno heleno, para posponer tus vacaciones por esos lares. Entonces, ¿qué hacer?. ¿Nos informamos o no nos informamos?

Teniendo en cuenta que hay pocas cosas menos ciertas que la información no ocupa lugar, hay que ser un poco selectivo. Yo no sé si me estoy quedando sin espacio en el disco duro de mi cabeza, o si voy corto de RAM o procesador por la saturación actual, pero yo cada vez siento más necesidad de aligerar un poco las conexiones neuronales. ¿Y cómo? Pues restringiendo lo que entra a lo neutro, lo poco susceptible de estar adulterado y/o lo que realmente consideras que te pueda afectar de manera más o menos directa.

En la actualidad, la función principal de los medios de comunicación de masas tradicionales (prensa, radio, televisión) no es informar, si no crear opinión. Como ya comentaba en otra entrada, sirven a determinados intereses y tratan de condicionar al personal a través de medias verdades, visiones sesgadas y opiniones tendenciosas. De los tres medios mencionados, el que te da más capacidad de seleccionar qué es lo que quieres o no recibir, es la prensa. Y a ésta se ha unido
recientemente Internet, a través de portales temáticos o de contenido más amplio y general. En ambos puedes realmente escoger, descartando aquello que sospechas contaminado y quedándote con lo que puedas creer interesante.

Poco queda para que televisión y radio dejen de ser los medios de comunicación más consumidos para informarse. Tanto la prensa (impresa o digital), como los portales temáticos ofrecerán sus contenidos a las nuevas generaciones. Y no será sólo un tema de que nuestros hijos, sobrinos o hermanos pequeños demanden más interactividad en el flujo de información. Me gustaría pensar que también será porque hemos sabido enseñarles que no tienen por qué dejarse inundar con medias verdades, visiones sesgadas y opiniones tendenciosas.
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Pausa


Si bien es cierto que hace tiempo no aporreo teclas para contar mis impresiones acerca de cualquier chorrada que se me pase por la cabeza, eso no quiere decir que haya dejado de expresarme.

El caso es que por nuestro cumpleaños, la Silvi y yo nos autoregalamos una cámara digital reflex, de esas que hacen fotos muy chulas casi solas. Y me he enganchado.
No es sólo estar al tanto de lo que te rodea, con la cámara al cuello, luego tienes que componer el encuadre, medir la luz, etc. todo con la inteción de encontrar la mejor forma de plasmar lo que tus ojos están viendo. O lo que tú mismo estás interpretando que ven.

La fotografía no es sólo una caja que recoge la realidad tal cual. Es una herramienta que te permite dar tu punto de vista, resaltando las partes que más te interesan de la imagen que estás captando.

Y luego resulta que el mundo del post-procesado es inmenso, abrumador. Después de haber tomado la imagen, puedes matizarla a través de la variación de multitud de factores. Me queda tantísimo por aprender...

Así que, de rebote, me estoy dando cuenta de que el proceso (lento) de aprendizaje, está ayudándome a trabajar uno de mis puntos flacos, como es la paciencia. O mejor dicho, la ausencia de ella.

Por tanto, discúlpenme los cuatro gatos que se les ocurre pasarse por esta página de vez en cuando, por mi (temporal) distanciamiento. Mientras tanto, si gustan, pásense por mi cuenta de flickr para echar un vistazo a algunas de las fotos sobre las que estoy trabajando.

http://www.flickr.com/photos/48627035@N03/

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De lunes


No sé si es algo aprendido en casa (probablemente), asimilado en la escuela (menos factible) o aprendido en la calle (lo dudo), pero siempre, en cada cosa que he emprendido en la vida he puesto todo mi empeño en hacerlo lo mejor posible. Fuera lo que fuese. Si se esperaba algo de mi, he hecho lo posible por cumplir esas expectativas. ¿Virtud? ¿Defecto? Aunque la respuesta parece fácil, os aseguro que sólo a veces es una, siendo otras muchas veces el otro. Dependerá del caso concreto, del momento, del lugar... Pero sobre todo dependerá del coste y de la recompensa. Y ese es precisamente el problema.

Antes de nada, aunque son muchos los ámbitos en los que podríamos aplicar el asunto en cuestión, conviene concretar para no irnos por las ramas. Siendo el tema jodido si lo aplicamos a lo personal (amigos, familia...), por la irremediable tendencia a esperar de los demás como mínimo lo mismo que uno ofrece, no es de lo que me interesa hablar ahora. Centrémonos en el ámbito de lo laboral. Y para acotar aún más, restringiremos la reflexión al trabajo por cuenta ajena (asalariados), dejando de lado el trabajo por cuenta propia (autónomos/empresarios).

Desde que comencé mi andadura profesional, siempre creí que el trabajo bien hecho conllevaría cierto reconocimiento. Que si sabía hacer ver a mi jefe o responsable, el esfuerzo realizado y los resultados obtenidos como consecuencia de ese esfuerzo, ello me llevaría a ganar respeto, consideración, más pasta y/o galones. No nos engañemos, todos trabajamos por una de esas cosas. Nadie lo hace por amor al arte. ¿O sí?
En mi caso, al principio me conformaba con dejar de ser dejar un subcontratado para pasar a ser un empleado de plantilla final. Además, contaba con la ventaja de mi natural predisposición a trabajar con ganas, buscando la excelencia en cada tarea. Como Florentino y su Madrid. Hay que ver cuánta tontería...

Aunque cuento con algunas virtudes, entre ellas no está la de "calar" a gente y situaciones cuando en principio no son lo que parecen, así que sólo después de diez años me he dado cuenta de que nada de eso importa. En mi entorno (y me atrevería a afirmar que en el vuestro, sea el que sea, ocurre lo mismo), en realidad da igual si tu trabajo es excelente, bueno o mediocre. Diría más. En ocasiones incluso da igual si es malo. El resultado será el mismo. Nada. ¿Y qué termina ocurriendo si nadie te va a premiar si haces algo bueno, o te va a castigar si haces algo malo? Pues que, en la mayor parte de los casos, se tiende a la ley del mínimo esfuerzo. Si voy a esforzarme para conseguir un resultado de 90/100, pero resulta que mi jefe va a valorarme ("tangiblemente" you know) lo mismo que a mi compañero que consigue 50/100, ¿para qué coño voy a esforzarme?
Sólo algunos gilipollas seguimos con la inercia de nuestro juvenil e iluso ímpetu. Pero en situaciones normales, la inercia no dura siempre y el rozamiento termina frenando la marcha. Física elemental. ¿Qué pasará cuando no baste el orgullo propio para hacer tu trabajo con interés y diligencia? ¿Qué pasará cuando, conforme vayas quemando etapas en tu vida y existan otras actividades que demanden mayor parte de tus energías? Bajarás los brazos y te dedicarás a hacer lo mínimo necesario.

Todo esto, no lo he visto sólo en mi entorno. Médicos a los que lo único que se le pide es que reduzcan las listas de espera, que atiendan a un paciente cada cinco minutos, sin importar realmente si dan un servicio de calidad. Profesores y maestros a los que no se premia su buena labor, metiéndolos en el mismo saco que a mediocres que pasan olímpicamente de sus alumnos. Funcionarios administrativos que cobrarán igual, hagan lo que hagan. Dependientes de tiendas y comercios que atienden al cliente con evidente dejadez (cuando no maleducadamente) porque saben que nadie (muy pocos) pondrá una reclamación. Reyes del escaqueo que, ante cualquier tarea hacen lo posible por hacerte ver que con ellos no va la cosa. Infractores de normas de buena conducta y de leyes amparados en el "si lo hacen los demás por qué no yo?", que cuentan con la laxitud de todos a la hora de exigir su cumplimineto (miedo, pereza...). Políticos cuyos errores/engaños/mentiras no se verán penalizados por un electorado que olvida rápido y perdona fácil... Kilos y kilos de ejemplos tengo. Toneladas diría yo.

En mi opinión, varias pueden ser las causas del problema. Complementarias todas ellas. A bote pronto se me ocurren algunas (pero, vamos, si se os ocurre alguna más sentíos libres de compartirlas con cuatro gatos):

* Nuestros jefes, nuestros responsables, no tienen ni puta idea de cómo motivar a sus empleados. O si lo saben, no quieren hacerlo. No existen cauces para premiar al que mejor lo hace. O si los hay, se los saltan a la torera.
* En muchas ocasiones, tampoco cuentan con facilidades a la hora de prescindir de los que hacen mal su trabajo. O no pueden, o no saben o no quieren, reprobar a quien no vale. A unos cuantos he visto que habiéndola cagado bien cagada, no una ni dos veces, se han ido de rositas.
* En aras de maximizar beneficios, se minimizan los recursos destinados a una tarea, lo que dificulta que dicha tarea salga todo lo bien que debería. ¿Por qué? Porque lo importante no es que salga bien, sino que salga. Cumplir objetivos sin atender a la calidad del producto. ¿Por qué? Porque este es un país de gañanes en el que no se valora las cosas buenas (cualitativamente hablando), sino las cosas baratas y que cumplan, sin más.


Y luego resulta que no somos competitivos, que nuestra juventud es Ni-Ni, que hay millones de mileuristas...

Hablando de este tema con un compañero de trabajo, comentábamos la diferencia que podría haber entre un joven que entra a trabajar en un Burger King en España y en Estados Unidos. Lo que nos han vendido (¿será verdad?), es que el yanqui con esfuerzo, trabajo duro, si logra destacar, podría pasar a encargado, gerente, director de línea, patatín y patatán. El sueño americano lo llaman ¿no? Seguro que no es así en todos los casos, pero quizás alguno se haya dado. ¿Que deriva de todo ello? Gente emprendedora, competitiva y que valora el esfuerzo y los resultados (quizás más esto último).

¿Y en nuestra bien querida patria? El españolito ya se puede dedicar a poner hamburguesas como Dios, con eficiencia y diligencia que difícilmente llegará a algo como no ponga la hamburguesa precisa, en el momento adecuado y a la persona idónea. No sé... El Emilio Botín de turno que tenía antojo de carne 100% de vacuno y ese día estaba bien follao... ¿Qué obtenemos entonces? Un país de pillos, listos y avispados. De oportunistas.

Y claro, los que jugamos otra liga, los que no contamos con la capacidad de jugar ese "otro futbol" que decían que era necesario para ganar el mundial, nos tenemos que conformar con habitar en la mitad de la tabla, aspirando como mucho a la Europa League o rezando para que no venga una plaga de lesiones y nos conduzca al pozo de la segunda división.

Se acabó el espejismo, así que con su pan se lo coman.

P.D: Y justo antes de publicar este post, al hilo de la conversación de sobremesa, un colega me manda el siguiente enlace: http://www.elpais.com/articulo/carreras/capital/humano/Explotacion/remunerada/elpepueconeg/20100314elpnegser_5/Tes#. Que casualidad....
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Cainitas, cínicos y demás gente de mirada torva


Es éste un país muy dado a denostar, denigrar y/o calumniar. Muy dado al rechazo instintivo y poco dado a las adhesiones (sobre todo si no son borreguiles). Derivado de ello, existe un regocijo algo malsano en ver caer al triunfador. "Si yo no llego, él/ella tampoco", vienen a pensar. Esperan ansiosos el tropezón para apuntarse un tanto, un "ya te lo dije". No soportan el éxito ajeno y se agarran a cualquier excusa peregrina para tirar dardos a la diana con la cara del que, por méritos propios, ha conseguido llegar a algo.

Unas veces este odio, esta enemistad a los allegados o afines es gratuito (en realidad no supone más que alimento para esa envidia insana que habita en sus cajas torácicas). Así se desprecia al compañero de trabajo que asciende, se critica al actor/músico/escritor de éxito, se maldice (por lo bajini) la suerte del amigo al que le toca la lotería...

Otras veces, este deseo del mal ajeno está sustentado en la búsqueda del beneficio propio, sin valorar ni un solo momento la posibilidad del bien común que podría derivarse del triunfo del adversario. Así se rechazan pactos de estado con ánimo de recuperar el gobierno perdido, se critican con fingida convicción decisiones que, más adelante y en el uso del poder, se tomarán sin vergüenza alguna, etc.

Hay también muchas personas que gustan de meter palos en las ruedas. Claro que, como comentaba un compañero de trabajo el otro día, es mil veces más fácil tirar por tierra algo que ayudar a levantarlo. Es mucho más fácil despreciar una idea, una propuesta o una opinión, que tratar de buscar puntos comunes, que hacer una contrapropuesta o que esforzarse en buscarle el lado bueno, aunque eso signifique mover nuestro punto de vista tres grados dirección sur-suroeste.
Siempre habrá alguien que te dirá: "pues menuda mierda", sin más. Y se quedará tan ancho. O que te dirá que no se puede, sin mover un dedo por ayudar. "Para que perdéis el tiempo", dicen, "por mucho que nos esforcemos en bajar de esta montaña donde nos ha pillado la ventisca, vamos a acabar irremediablemente sepultados bajo kilos de nieve". Y tu piensas para tus adentros "una patada en el culo te daba yo, pedazo de lastre. Si quieres diñarla, hazlo con la boquita cerrada, y déjame tranquilo para poder intentarlo".

También hay gente que se dedica con fruición a voltear, girar, doblar, descoser, hasta ver detrás de cualquier iniciativa aviesas intenciones. Pongamos como ejemplo esa campaña de las Cámaras de Comercio que dice que estosololoarreglamosentretodos. Unos (los de la zurda), serán capaces de decir: "lo que estos quieren es que consumamos más, y no estamos dispuestos a seguirle el juego". Y otros (los de la diestra) dirán: "estos son los de la ceja, queriendo salvarle el culo a su presidente". Todos ellos despreciarán la idea.

En este caso, no digo que no puedan tener razón todos y cada uno de ellos (es más, estoy convencido de que en gran medida la tienen), pero ¿por qué razón limitarnos al todo o nada? Vale, ya habéis demostrado que no os han engañado, que lo que en realidad buscan estos tipos es su beneficio, que no son altruistas en absoluto. Pero la posibilidad de que personas anónimas intercambien ideas y propuestas que puedan ayudar a asomar la cabeza a otras muchas que creen encontrarse en un callejón sin salida, no parece mala idea ¿no? De hecho, ya hay otras iniciativas similares que, por desgracia, cuentan con menos medios y presupuesto (como por ejemplo actúacontralacrisis!, desde Junio de 2009) ¿Por qué no aprovecharnos de eso? ¿Por qué no hacerles el juego a medias y quedarnos sólo con lo que realmente nos interesa? Si no quieres consumir, no lo hagas, pero deja que las historias de las personas de la calle inspiren, motiven y animen a aquellos que no saben por dónde seguir.

Es sólo un ejemplo (que, lamentablemente, seguro que es con lo único que se quedará el lector), pero estoy cansado de ver y escuchar la cantidad de gente que se rige bajo ese todo o nada. Mejor hacer 60 xxx, que hacer 10 xxx ¿no?. Pues nanay. Van estos lumbreras y justifican que ellos hagan 0 xxx en el hecho de que tú no llegas a 100 xxx y te quedas sólo en 90 xxx.

Paso de poner ejemplos más concretos. Si os resulta confuso, quedaros con que, para ellos, un momento de debilidad inhabilita todo el esfuerzo realizado. Si no es todo, es nada.

No sé, quizás el problema sea mio. Demasiado ingenuo y optimista (no os preocupéis, cada vez menos), demasiado pragmático y racional (a eso no renuncio) en este país tan visceral, de tan pocos principios para algunas cosas y tan fuertes e inamovibles para otras...
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Tonterías


Esta tarde tenía cierto cabreo y el cuerpo me pedía que echase algo de leña a la hoguera. Vamos a quejarnos un poco. Incluso llegue a comenzar un post para la sección Quejándome.
El caso es que ha sido llegar, cambiar el disfraz, ver a Silvia pintando cosas para sus niños, ponerme después "1999" de Love of Lesbian y más tarde una selección de Quique González... y se me ha pasado. A veces no hay nada como frenar, respirar un poco y esperar a ver qué pasa.

Sí, vale. Todo ahí fuera sigue igual, los vecinos armando jaleo, más paro, empresas y familias arruinadas, Grecia que se agarra a la UE, los haitianos siguen quitando escombros... Pero a veces, no está de más meterte en tu rincón preferido, cruzar tu puerta secreta, tumbarte en tu sofá favorito, abrir un libro y evadirte, escuchar algo de música.
Hoy en día nos llega mucha información. Mucha prisa. Mucho demasiado. Rebosa.

No es cuestión de ponerme místico, ni trascendental, ni flipar mucho más que de costumbre. No creo haber descubierto la rueda, al menos no a los demás. Sólo me gusta darme cuenta que, a pesar de cumplir cada vez más años, de que los vicios e inercias se extienden cada vez más rápido, más perennes por tus células, todavía es posible aprender de errores pasados y enseñarte a vivir mejor contigo mismo y con lo que te rodea. A pesar de lo que digan algunos.
Si quieres, enfócalo como un tema de salud mental. Cada quien tiene sus válvulas de escape. Hay quien grita, hay quien se va al gimnasio, hay quien se masturba, hay quien compone música, hay quien se tira media hora sentado en el váter, hay quien se da cabezazos contra la pared...
Ni voy a juzgarlas ni espero que tú lo hagas con la mía. La mía está aquí. Con Silvia trabajando a mi lado, con mi estereo susurrando y soltando lastre al teclado. FYI
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Ambición


ambición.
(Del lat. ambitĭo, -ōnis).
1. f. Deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama.



Según en qué contexto, el referirse a alguien como ambicioso puede llevar implícitas connotaciones negativas o positivas.

Así, cuando queremos criticar ciertos comportamientos reprobables de alguien que está medrando a ojos vista, podemos decir: "Es tan tremendamente ambicioso, que no le importa pasar por encima de quien se le ponga por delante. Vamos, vendería hasta a su madre si hiciese falta". E inmediantamente, cualquiera de nosotros ya le imagina vendiendo su alma al diablo. El tio capullo, andever.

Pero, por ejemplo, en un entorno laboral, la ambición puede ser considerada como un valor positivo, sobre todo por los empleadores. Me los imagino reunidos, brainstormingueando: "Necesitamos un tio que no le importe echar mil horas en el curro a cambio de unas cuantas promesas de ascenso o remuneración", dice uno. "Ya pero tenemos que tener cuidado con que no cree mal ambiente con el grupo de trabajo", dice otro. "Anda ya, ¡Que se pongan las pilas! Seguro que un tio como este, les motiva más...", dice el primero. Puede que no siempre sea así, pero no me negaréis que en muchos casos hay responsables como esos que valoran más un trepa currante, que un seta de buen rollo.

En mi opinión, la ambición de por sí no tiene porqué ser buena o mala. Todo depende de qué se esté dispuesto a hacer o a sacrificar, en aras de tan ansiado objetivo. Es más una cuestión de estilo de vida.

El caso es que cada vez veo más claro que no soy una persona ambiciosa. ¿Me gusta tener dinero para comprarme cosas? Pues sí, claro. ¿Me gusta que reconozcan mi trabajo? Of course. ¿Qué estoy dispuesto a hacer por más reconocimiento, por más dinero, por más mando...? Pues muy poco la verdad. ¿Sacrificar tiempo libre, amistades, relaciones? ¿Ir saltando de trabajo en trabajo, buscando más dinero, más poder? Nanay. Señores empleadores del futuro, conformensé con mi trabajo bien hecho (no sé por qué, pero de lo que no me he librado es de ser estricto en el cumplimiento de mis tareas mucho, quizás demasiado, pero eso es otro tema) y, como mucho, guante de seda. Intento sustituir todo el énfasis que antes gastaba en la obtención de reconocimieto laboral, por buen rollo con mis compañeros de trabajo y con las personas de mi grupo. Ya que tienes que pasar ocho horas al día haciendo cosas que no te emocionan, intenta al menos que todo fluya. Unos dicen que es falta de ambición, yo prefiero hablar de adaptación. Si te falta colmillo, saca el guante.

Antes, cuando era más joven, era otra cosa. Le echaba horas, hacía más de lo que me pedían en mi trabajo, pero no era por medrar, sino más bien por obtener reconocimiento (no me pasaba sólo en el ámbito laboral, si no también en el personal, pero, otra vez, esa es otra cuestión) El caso es que no sé si porque allá donde he caído, de poco o nada ha servido que trabajase con celo y dedicación, me he terminado curando de ese mal. Gracias a todos los jefes, que han ayudado a quitarme la venda.
Ahora, lo único que quiero es que mi trabajo me moleste lo menos posible, y si hay días que logro que me entretenga, mejor que mejor. Llegar a la cúspide de la pirámide de Maslow, fuera del trabajo. Con mi pareja, con mis amigos, con mi familia... Eso sí.

No está mal. A muchos les ha costado una vida entera aprenderlo. Yo ahora sólo tengo 35.
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Volviendo que es gerundio


Tras el teatrillo navideño, ese en el que muchos se ponen sus mejores galas, en el que se sonríe más y mejor, en el que se revisitan y recuperan relaciones poco usadas, aquí estamos otra vez. De vuelta.

Muchos dicen que estas fechas provocan con su atrezzo, que todo lo que nos rodea se disfrace. Las calles se visten de luces; los ánimos mudan en "todovabien" (o al menos en "tododebeaparentarirbien"); se asiste a eventos de los que, en condiciones normales, se huiría despavorido; en ocasiones se fuerzan reuniones de personas que, en condiciones normales, no se verían ni en pintura ...

Por otro lado, otras personas menos Scrooge viven la navidad de una manera menos negativa. Se contagian del espíritu lúdico, disfrutan de la compañía de seres queridos, gozan de las comidas, reuniones y eventos, decoran la casa con espumillón, bolas, árboles y belenes ...

Y por último, entre esas dos visiones, otros muchos nos encontramos en tránsito de una a la otra o de la otra a la una. A medio camino.

De cualquier manera, sincera o fingida, envuelto aún en los restos de ese halo de ganas de complacer con el que nos arropamos en tan señaladas fechas, vuelvo a la escritura arrastrado por mi más y mejor fan. No lo he hecho antes no porque no quisiera o no me apeteciera, sino porque tenía otras tareas que consideraba prioritarias. Pero, qué se le va a hacer, se aparcan y ya está. Cest la vie. Cada uno a su rol.
Oí hace poco que en las fechas navideñas, se dispara el consumo de antidepresivos, supongo que por todo ese cúmulo de deberes y obligaciones que se le suponen. Caiga sobre tu conciencia si me echo al clonazepam. Con cariño. Continúa...

Masoquismo (el mio)


Y digo yo, ¿qué me empuja a tragarme todos los días las medias verdades, las manipulaciones, las informaciones sesgadas, las opiniones tendenciosas con que nos regalan los oídos radios, televisiones, periódicos y demás medios digitales? ¿Qué necesidad tengo de lidiar con tantos y tan distintos? Sí, vale. De acuerdo con que si sólo dejas abierto un canal de comunicación con la realidad circundante, reduces el abanico de opiniones. Vale también que si además, de ese abanico, tan sólo te quedas recurrentemente con una de ellas, corres el riesgo de convertirte en miembro de un clan, seguidor de una sola "verdad" (más bien ficción, en muchos de los casos), con las consecuencias que de ello se derivan, peazo borrego.

[Aún a riesgo de negar la mayor y tirar por la borda este post, antes siquiera de haber podido desarrollarlo, un breve paréntesis. Habría que preguntarse si es realmente conveniente mantenerse informado... Aunque la información sea objetiva (si eso fuera posible), ¿qué te aporta? ¿qué te quita? Esa reflexión de calado, merece un post para ella solita. Ignorancia vs Conocimiento... Sólo una perla para ese próximo post. Ignorance is bliss, es un dicho anglosajón. Algo así como la ignorancia es el éxtasis]

Pero al asunto que me pierdo (as usual). Lo que yo quería decir es, ¿qué me obliga a flagelarme todos los días con "informaciones" y opiniones tan groseramente parciales?

En lo que respecta a mi medio favorito, el aRadio, éste es el "mapa de los sonidos del luismi":
Por las mañanas me levanto escuchando la SER. Todo el mundo sabe de qué pie cojea el matinal conducido por Carles Francino. Aunque últimamente dé algo más de caña por los bandazos del gobierno en lo económico (aunque otros vean revanchas del grupo PRISA por el tema futbolero), siempre se ha alineado con posturas progresistas. Como por herencia y experiencia acumulada siempre me he considerado más progresista que conservador en lo social, podría decir que me siento "cómodo" en esa escucha. Eso no quiere decir que no reconozca las informaciones partidarias o tendenciosas cuando se producen (que lo hacen). De todos modos, por si acaso se me escapase alguna, y para no regalar mis oídos con una única "verdad", me doy una vuelta por la acera de enfrente y la del medio (si es que alguna vez existió).
En el camino al trabajo, antes me daba un rulo por la COPE para escuchar al infame Losantos. Muchas veces me hervía la sangre con las cosas que oía, pero ahí aguantaba yo. ¿Por qué? Ni idea. A veces lo he asociado a ese impulso irrefrenable a quedase mirando cuando nos cruzamos con un accidente de tráfico. O no sé si sería que me cargaba las pilas... Cuando dieron la patada al ínclito Federico, me volqué más en Punto Radio y Onda Cero. Alternativamente salto de uno a otro, asombrándome ante la "parcialidad" del sibilino de Don Carlos Herrera y su cohorte de furibundos liberales recelosos del "estado diablo", o dándome de bruces con lo parcial y sesgado que me resulta Félix Madero (que lástima el cambio de José M. Piñero en el tramo hasta las 8 de la mañana que nos alegraba el día...), cuyo programa salvan algunos de sus tertulianos, léase Fernando Jáuregui, Fernando G. Urbaneja o Javier Nart (cuya pedantería siempre me ha hecho mucha gracia). Por supuesto no me refiero a ese insulto a la inteligencia que se llama Curri Valenzuela, tertuliana (?) del programa, que lleva camino de convertirse en la sustituta de Jiménez Losantos en mi auto-flagelo. Ahora no sé si decir si por suerte o por desgracia, pero esta señora (?) sólo aparece los jueves. A RNE no suelo acudir porque mi ración de información pública ya la tengo a través del televisor, y la radio de los curas ha perdido todo el morbo.

Veamos qué pasa con la televisión. Estando como estoy hasta las mismísimas narices de este medio, deciros que no paso más de dos horas al día frente al televisor. Una la dedico a ver alguna serie grabada y otra a saturarme con más información. Para ello el elegido es el Telediario de La 1 de TVE y a veces (las menos) el de Antena3 (por contrastar). En mi opinión aunque a la Radio-Televisión pública le costará quitarse la etiqueta de vocero del gobierno, mal que les pese a muchos, la de hoy en día es la más objetiva de cuantas haya habido en su historia (por la cuenta que le trae, porque es la más controlada desde el Parlamento). Sus profesionales me parecen los mejores de la televisión: el añorado Lorenzo Milá, Pepa Bueno, el tándem María Casado/David Cantero... Aunque sea ir a contracorriente de las preferencias de mucha gente, me cuesta mucho más ver a Matías Prats, cada vez más caricatura de su propia caricatura. De vez en cuando me paso por LaSexta, pero sólo para alegrarme la vista, porque en cuanto a información se les ve demasiado el plumero.

Los periódicos... He de decir que ahí fallo. Sólo compro El País, pero por costumbre, no por convicción. Cuando cae en mis manos El Mundo o el ABC, los leo. A la prensa escrita se le notan mucho más las filias y las fobias (quizás porque la letra impresa perdura en el tiempo, no como las ondas hertzianas), así que le estoy cogiendo un poco de manía. Cada vez me da más pereza leer el periódico, así que llevo tiempo empezando por el final, donde habitan las noticias más ligeras.

Creo que el futuro está en Internet, pero cuesta abrirse paso entre tal cantidad de posibilidades. Hoy en día casi cualquier periódico, agencia, localidad, grupo de amigos... puede montar una web de noticias. Discernir quién cuenta cada cosa para poder tomarlo con las debidas cautelas, se ha convertido en una ardua tarea.

¿Y qué queda después de todo este vía crucis de información/desinformación/propaganda/clientelismo/servidumbre? Saturación neuronal y la sensación de que sólo sabes lo que te dejan saber. La sospecha de que, la mayoría de las veces no eres más que un arma arrojadiza en manos de un grupo de intereses. ¿Merece la pena? Tener una opinión formada de los temas y poder sacar conclusiones acerca de cómo nos afectan, tiene sus peligros... Hay que andar con mucho ojo para no terminar formando parte de un rebaño de borregos que el pastor de turno mueve a su antojo en busca de más y mejor pasta. Huy, digo pasto.
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Mi piace andare piano, piano


Mi piace andare piano, piano,
como Adriano Celentano
because like this
because like this si arriva lontano.

"Como me amo" - Love of Lesbian


Y todo esto, a cuento de un comentario de un buen amigo que me hizo darle al tarro en el viaje de vuelta a Madrid desde la comarca de Calatayud. ¿Que qué carajo hacía perdido por aquellos lares? Hace un par de fines de semana, tuvo lugar el encuentro anual regido por el tratado de La Latina, mediante el cual, varios amigos y allegados buscan mantener lazos forjados largo tiempo atrás, de momento con resultados más que satisfactorios. Aprovecharé para saludarles y darles la bienvenida a este otro rincón de mi (y que Dios nos coja confesados...) ¡Larga vida al tratado!

Pero al tema que me disperso. El caso es que, quedando el domingo tan sólo la mitad de los participantes en el evento inter-anual, nos acercamos desde Munébrega (donde nos hicimos notar en las frías noches del fin de semana) hasta Ateca, en busca de un lugar para comer. Siendo una población de unos 2000 habitantes, domingo y las 3 de la tarde no creímos tener problemas para encontrar un lugar donde llenar estómagos. Preguntamos a un paisano por algún restaurante. La réplica ya nos deja escamados. ¿Comer un domingo? Mosquis. Confiando en que al buen hombre le hubiese dado un cruce de cables, recurrimos al artilugio del GPS+Internet de la Blackberry de JC. El bicho nos dio dos posibilidades, pero resultó que ninguna de las dos daba de comer ese día a esa hora. El pueblo estaba literalmente muerto. Tres gatos por la calles, todo cerrado. Me descubrí cabreado y molesto con una situación que no me esperaba. ¿Cómo podía ser que un pueblo no tuviese un mísero restaurante que atendiese en domingo? Fue JC quien soltó la frase de marras. Sufrimos el síndrome del madrileño. Traducción: acostumbrados como estamos a tener casi cualquier cosa en cualquier momento, a la disponibilidad e inmediatez, perdemos de vista que no en todos los sitios es igual. A la vista de esto ¿estábamos al tanto de que todas y cada una de las derivadas de disponer de acceso a todo y en todo momento no son necesariamente buenas?

Sí vale. Está genial tener a tu disposición un comercio abierto casi en cualquier momento (chinos, 24 horas), un centro comercial con supermercado abierto casi cualquier fin de semana, un concierto a la vuelta de la esquina, la peli que quieres ver en algún cine un par de kilómetros a la redonda, un bar abierto a cualquier hora, un taxi cerca casi allá donde estés... pero, tal y como yo lo veo, todas esas facilidades tienen su lado oscuro.

En primer lugar, esa disponibilidad total nos hace olvidar que no siempre ni en todos los sitios es igual. Ese tener de todo, ese hacer vivir a nuestros deseos entre algodones, nos ha hecho perder la perspectiva. Cuando voy a Salamanca me pasa para algunas cosas, así que cómo no me iba a pasar cuando voy a Ateca o a Munébrega en el Aragón profundo. A otro nivel claro (no vayamos a herir demasiadas suceptibilidades).
¿Qué problema hay en no tener un kiosko en el pueblo donde comprar la prensa? Cuando preguntamos a una señora del pueblo dónde podíamos comprar un periódico, ella nos dijo que para eso deberíamos ir a Calatayud (a 14 kms). Y si no, al bar del pueblo a compartir el periódico con los parroquianos. ¿Qué hay de malo en eso? Sustituyes la soledad de tu sofá un domingo por la mañana leyendo periódicos y suplementos dominicales, por unas cañitas, aceitunas y charla animada comentando las noticias.

No nos confundamos. Evidentemente, muchas de las facilidades que da la vida moderna en las ciudades son verdaderas ventajas (hospitales, medios de transporte, etc.), pero, si lo pienso bien, otras muchas que consideramos como tales, esas superfluas que nos dan una falsa sensación de bienestar, no lo son tanto. Da la impresión de que somos unos hachas creando necesidades allá donde en realidad no las hay. O mejor, somos unos crédulos del copón, cuando nos dicen que sí, que de verdad, que necesitas todo eso. Y luego vas y te cabreas porque las cosas no son como te has/han acostumbrado.

Definir eso de lo que estamos hablando como el síndrome del madrileño creo que es quedarse corto. En mayor o menor medida creo que la mayor parte de los urbanitas sufren/sufrimos un síndrome parecido. Nos indignamos cuando nuestra demanda puntual no es satisfecha. Es ese vivir deprisa, ese vivir ya y ahora, de inmediato, a toda velocidad, aprovechando cada momento, rehuyendo de los momentos muertos. Evitando "perder" el tiempo o que nuestras estrictas planificaciones "sufran" un hueco.
Toda esta comida de tarro, fue entrelazándose con otros pensamientos derivados de otra situación vivida en Munébrega el domingo por la mañana...(Válgame, anda que no le doy al coco. Ni que fuera gratis). Situación: paseo matutino al canto del menda con Silvi, JC, K y su hijo H, además de B y su hijo L. Saliendo del pueblo nos encontramos con un lavadero común. Cual no sería mi sorpresa, al ver a dos mujeres lavando la ropa en la pila, frotándola contra la piedra. Cáspita. Qué sorpresa ¿Pero eso no se había perdido? Y si... Vamos a ver, no me entendáis mal. Gracias a SanCucufato que tenemos lavadoras. Es mucho más cómodo, dónde va a parar. Cuando me ha tocado lavar algo a mano, te dejas los deditos, las uñas y te cansas. Por ese lado, todo correcto en lo de disponer de lavadoras, pensé. Pero en el fondo había otra cosa. Como he dicho, estamos continuamente buscando modos de ahorrar no sólo esfuerzo, sino también tiempo. Y es ahí donde veo la trampa ¿Para qué? Me temo que la mayoría de las veces NO para hacer una pausa, para dispersar nuestra mente, para dedicarlo a un hobby (leer, escuchar música, hacer torres Eiffel de palillos...), para mirar al techo, qué se yo.
Ese tiempo libre que iba a hacernos más felices, menos dependiente de actividades tediosas y costosas, acaba siendo utilizado para encarar nuevas actividades, nuevas auto-exigencias, nuevas tareas que, en el fondo, terminan atándonos de nuevo. Terminamos "malgastando" ese tiempo "ahorrado". Todo a todo correr. Qué frenesí.

Al menos en mi caso, se impone una instropección del copón, para tratar de disminuir el ritmo y las exigencias. A bote pronto un propósito: creo que me vendrá bien vivir un poco más lento. Trataré de coger la siguiente salida de la autopista y pillar la comarcal. A ver si así disfruto más del paisaje. Os iré informando
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El péndulo


Hasta hace poco, he estado empeñado en responsabilizar de los déficit educativos de los jóvenes de hoy en día, principalmente a la poca (o nula) conciliación entre la vida familiar y la laboral. Los padres no tenían tiempo suficiente para dedicar a la educación de sus hijos, y así salían.
Pues bien, el caso es que durante el café después de la comida, en ameno corrillo con ex-jefes, amigos y compañeros de trabajo, mi ex-jefe Javier ha puesto sobre la mesa (es un decir) una afirmación que me ha hecho cuestionar esa relación causa-efecto. "Por lo que he podido ver", decía, "muchos de los niños/as que cuentan con al menos una figura paterna en casa (esto es, que no trabaja), repiten el mismo comportamiento que se observa en aquellos, cuyos progenitores no pueden dedicarle toda la atención que se merecen, por trabajar demasiadas horas". Más o menos. Si esto fuera cierto (sería muy interesante realizar un estudio estadístico de este asunto), significaría que quizás no se trate de un problema de cantidad de tiempo dedicado, sino de calidad de éste.

Cavilando como estaba acerca de las causas de esta deriva educacional, recordé de pronto un artículo de Vargas Llosa que me llamó la atención hace unos meses el cual, bajo el título de Prohibido Prohibir, proclamaba el origen de la pérdida de autoridad escolar en el movimiento de Mayo del 68. Más allá de lo que se pueda opinar acerca de este escritor, de la ideología personal que cada uno calce, o de lo afín que uno se considere al movimiento que aspiraba a eliminar cualquier forma de autoritarismo a base de revueltas estudiantiles y sindicales, permitidme hacer un ejercicio de "¿y si fuese así?". Además, sabéis lo que opino de los prejuicios: a la basura.
Pues el caso es que Vargas Llosa, citaba a Michel Foucault (al cual no he tenido el gusto de leer, pero parece que afín a las proclamas de Mayo del 68), para recordar los objetivos del movimiento libertario. Cito a Don Mario: "el filósofo francés sostenía que, al igual que la sexualidad, la psiquiatría, la religión, la justicia y el lenguaje, la enseñanza había sido siempre, en el mundo occidental, una de esas "estructuras de poder" erigidas para reprimir y domesticar al cuerpo social, instalando sutiles pero muy eficaces formas de sometimiento y enajenación a fin de garantizar la perpetuación de los privilegios y el control del poder de los grupos sociales dominantes". El artículo de Vargas Llosa renegaba del (supuesto) impacto que habría tenido el sesentayochismo en el modo de educar en las escuelas. El escritor concluía que "por lo menos en el campo de la enseñanza, a partir de 1968 la autoridad castradora de los instintos libertarios de los jóvenes había volado en pedazos".

Y digo yo. Si eso fuese cierto, debería serlo también no sólo en el ámbito de la escuela, sino sobre todo en el modo en que los padres herederos de esa época educaron a sus hijos. En ese caso, actitudes educativas autoritarias podrían haber ido dejando paso a actitudes más condescendientes y menos proclives a esa "castración de los instintos libertarios" a la que se refería Vargas Llosa. Sigo con la hipótesis. Como todos los cambios de tendencia sociológicos, éste habría tenido lugar en la zona de influencia del movimiento no de un modo radical sino gradual. Así, el péndulo comenzaría su viaje desde un extremo al otro.
En terreno patrio, la dictadura y la moralidad conservadora imperante por aquel entonces, hubiese retrasado ese cambio de tendencia unos años, hasta el tardofranquismo y transición. Así, el péndulo nacional habría comenzado su viaje hacia el otro extremo con una década y pico de retraso, hacia finales de los 70 o principio de los 80, alcanzando su máxima amplitud en los 90 (¿o quizás todavía no lo ha hecho?). Tendríamos así por un lado a generaciones como la mía e inmediatamente posteriores, aún educadas en el respeto a determinadas figuras de autoridad (padres, maestros, adultos en general); y por otro lado a las generaciones que ahora gastan hasta veintipocos, cuyo proceso madurativo ha carecido de los límites que nos impusieron nuestros mayores.

[NOTA: Espero que no sea necesario advertir que hablo en términos generales, quedando excluidas las excepciones, seguro que numerosas, compuestas por padres y madres que han sabido poner límites al carácter expansivo (en todos los sentidos) de los jóvenes de todas las generaciones, formando personas/ciudadanos responsables]

¿Será esto verdad? ¿Pudo ser esa corriente liberadora la lluvia que trajo estos lodos? ¿El "reverso tenebroso" de un movimiento encaminado a hacer menos esclavos a los hombres? No sé. Quizás. Al menos suena plausible. Pero claro, yo no viví aquella época de "playa bajo adoquines", para dar por buenos o malos los argumentos que emplean Foucault o Vargas Llosa. Por otro lado, más allá de que sea o no cierta, como casi siempre, la causa para un asunto tan complejo como "porquésoncomosonlasactualesgeneraciones" no puede ser única, sino muchas y variadas (complementarias y suplementarias).

Válgame el Señor, dirán muchos al oírme decir todo esto. ¡Hecatombe! ¡Te estás hundiendo en la miseria! ¿Cómo un joven educado en valores progresistas dice las cosas que dice? ¿Se trata de un cambio de chaqueta? ¿Renuncia a los valores liberadores en favor de los represores? Ni mucho menos. Como decía aquel, los extremos NO suelen conducir a la virtud, y conviene, dentro de lo posible, buscar el término medio. Pero me temo que si no es ya mismo, poco queda para que ese péndulo comience de nuevo su oscilación en sentido contrario. Y estando la situación en el punto en que está, sinceramente no me parece del todo mal iniciar el viaje de vuelta. Parece que incluso los más escépticos se están percatando que la cosa se ha ido de mano. Ahora bien, habrá que estar atento. Quedará en manos de los padres y madres venideros no pasarse de frenada, jugándose los deditos al agarrar el péndulo, tratando de ofrecer resistencia a esa oscilación, tratando que pierda impulso y se detenga justo en su vertical.
Difícil jugada, pero es lo que toca.
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Prejuicios


La verdad, es que ir a Salamanca a ver a familia y a amigos es un filón para nuevos temas que tratar. Guardaré con cuidado algunos hasta que encuentre el enfoque adecuado. Son densos. Mientras tanto, me gustaría tratar uno más ligerito que me llamó bastante la atención.
El caso es que, hablando con alguien muy querido (tú sabes) acerca de las opiniones vertidas en este blog, se me hizo una observación al respecto de algunas de las expresiones y palabras usadas para defender una determinada postura. El artículo en cuestión es el referido a la educación de los jóvenes hoy en día, y la expresión denostada "principios y valores". Se me intentaba hacer ver que esa expresión podría dar lugar a cierta confusión "ideológica", y que podía dar la impresión que defendía cierta manera de enfocar la educación, digamos, bajo un punto de vista conservador.
Eso me hizo pensar y recordar alguna otra conversación similar mantenida hace algún tiempo con otra persona (muy querida también).

¿Por qué expresiones como principios y valores se asocian a una visión conservadora? ¿Quiere eso decir que los progresistas no tienen principios o valores? ¿Y qué opináis de rigor y disciplina? ¿Y si mantenemos que en lo referido a la educación es importante volver a dar importancia a conceptos como respeto, esfuerzo o mérito? Posiblemente, muchos asociarían de nuevo esta opinión a una visión conservadora de la educación... Vamos que huele a rancio. Pues bueno, a no ser que consideren a Almudena Grandes (la que en su columna de hoy de El País menciona estos conceptos) de derechosa de toda la vida, se equivocarían.

Dos cosillas respecto a estas asociaciones tramposas:
- En primer lugar, habría que ver por qué algunos de estos conceptos se asocian al conservadurismo ¿Se han desprendido de ellos los progresistas conscientemente? ¿Se los han arrogado los conservadores? ¿Ambas cosas a la vez? Esto será objeto de análisis en otro post (Quizás no mío. La propuesta no tiene copyright, así que recoja el guante quien quiera)
- Por otro lado, y esto es lo que quería comentar (que hay que ver cómo enrollo) ¿qué subyace bajo todo estas asociaciones? Pues ni más ni menos que nuestros compañeros de viaje los prejuicios.

Vamos a ver de qué hablamos. Según la RAE, por prejuicio entendemos:
1. m. Acción y efecto de prejuzgar (-> Juzgar de las cosas antes del tiempo oportuno, o sin tener de ellas cabal conocimiento)
2. m. Opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal.

Como puede observarse, las acepciones sugieren en primer lugar precipitación, y en segundo lugar anticipación, empecinamiento y desconocimiento. Inferimos pues, que los prejuicios NO son algo que, en principio, nos guíe "por el buen camino de la lógica y la razón", aquel de las opiniones/conclusiones meditadas y fundamentadas. El de la razón sobre el instinto.

Pero no carguemos las tintas y seamos magnánimos con todos aquellos que, pobres humanos, hacen (hacemos) uso habitual de esos prejuicios. Seamos comprensivos. A pesar de que, como seres racionales, deberíamos evitar en lo posible prejuzgar, este ¿defecto? está impreso en el ADN del ser humano y es casi imposible abstraerse de él. Si los prejuicios no son en un sentido lo serán en otro. Da igual. Quien diga que no los tiene, miente cual bellaco.

Nuestras decisiones, nuestras consideraciones, nuestras opiniones, están basadas en experiencias previas (hasta ahí bien), pero el problema es que tendemos a extrapolarlas y generalizar habitualmente. Por otro lado, en el caso de que no contemos con experiencias propias acerca de algo, solemos basarnos en lo oído (de primera, segunda o tercera mano) o en lo leído, para formarnos una opinión, tomar una decisión, o emitir un juicio. Son éstos últimos los más peligrosos. Los prejuicios derivados de experiencias ajenas, SIEMPRE deberían ponerse en cuarentena (por un simple tema de fiabilidad) tomando con mucha cautela lo oído/leído. Pero diría más. Incluso para aquellos prejuicios derivados de experiencias propias, deberíamos tener prevista otra zona de cuarentena, poniendo en duda la generalidad de lo percibido/aprendido, y estando dispuestos a una posible rectificación de nuestras opiniones.

Dicho esto y con un par de huevos, ahora voy y pongo en duda todo lo dicho. ¿No tienen nuestros compañeros de viaje un reverso luminoso? ¿No podrían actar los prejuicios como un mecanismo de defensa muy útil? Así, si un pobre pajarillo ve moverse el arbusto sobre el que está posado, saldrá volando porque alguien le dijo (o el mismo padeció en el pasado) que detrás del movimiento, puede estar el gato a punto de saltar. Claro, que también podría estar moviéndolo un gusano enorme del que podría dar buena cuenta ... Bueno, el ejemplo es un poco rebuscado pero todos nos entendemos ¿no?

Aún así, pienso que debemos permanecer alerta a esa tendencia natural en todo ser humano y realizar de vez en cuando el sano ejercicio de poner en duda nuestras convicciones (muchas veces sostenidas bajo cimientos de prejuicios).

¿Pijos tontos? ¿Inmigrantes peligrosos? ¿Culés independentistas? ¿Españolistas fachas? ¿Izquierdistas garantistas? ¿Gays promiscuos? ...
He conocido gente tal que así, y tal que todo lo contrario, así que cuidadito con apoyarte ciegamente y en exceso en los prejuicios porque te expones a cagarla pero bien cagada. Así que ¡hala! A practicar el sano arte de postjuzgar. ¿Que cuesta? Sí ¿Que es difícil? También. Pero ejercitemos el músculo que veréis lo bien que nos viene a todos...
Supongo que mientras tanto, aquellos que no contemos con el don de la clarividencia (sexto sentido, análisis preciso o como quieras llamarlo) del que disponen algunos (¿eh nene?), no podremos evitar caer en la tentación de recurrir a ese arma de doble filo que son los prejuicios.

Cuidadín que los carga el diablo.
Continúa...

Juventud, ¿divino tesoro?


Se acumulan los temas en la página de borradores de entradas del blog, pero el tema de la batalla campal de los jóvenes violentos de Pozuelo contra la policía, ha sacado a la palestra un tema sobre el que llevo meditando largo tiempo. Muchas tertulias radiofónicas, muchos editoriales y "opinadores" de muy variopinto pelaje, dan su visión sobre el tema. Muchos coinciden en que se trata de una crisis de valores por parte de la juventud derivada de una falta de autoridad paterno (y materna)/escolar. Vienen a decir que de un concepto educativo basado en la autoridad manifiesta de padres y profesores a la hora de inculcar conceptos y valores a sus hijos y alumnos, se ha ido rolando hacia un modelo basado en una mayor libertad del joven y permisividad hacia sus actos y decisiones.

Siendo ese un análisis (en mi opinión) certero de la situación actual, habría que aclarar lo siguiente:

->Punto 1: Si bien los comportamientos humanos (así como la historia) son pendulares, no puedo estar de acuerdo ni con un extremo ni con otro. Ni bien estaba ese modelo represivo de la dictadura que sólo conozco de oídas y del cual sólo sufrí los coletazos, (mis buenos capones y tirones de orejas/patillas me llevé en el Maestro Ávila), ni estoy de acuerdo con el poco ánimo sancionador de los padres de hoy en día, ni con los pocos recursos que vamos dejando a profesores, despojándoles de cualquier posibilidad de ejercer una autoridad necesaria. En paralelo a ese hurto, hemos asistido en los últimos años a un deterioro de la valoración de la labor del profesorado y a la pérdida de un frente común educativo padres/profesores. Harto estoy de ver reportajes y documentales en los que se muestra cómo los jóvenes escolares humillan, golpean e ignoran a los profesores, haciendo lo que les viene en gana por considerarse impunes, y cómo en algunos de los casos esas actitudes cuentan con el respaldo o la comprensión de sus progenitores. Es necesario que los profesores recuperen ese crédito (y esa autoridad) perdido, y que los padres entiendan que la educación de sus hijos debe hacerse de manera conjunta.

->Punto 2: La incorporación de la mujer al mercado de trabajo, no ha sabido acompañarse de una conciliación en toda regla de los horarios laborales con la vida familiar. Por supuesto, estoy totalmente de acuerdo con que las mujeres opten a un desarrollo profesional al igual que lo han venido haciendo los hombres. El problema radica en que si bien antes estaban los dos roles cubiertos (familiar y laboral), ahora uno ha quedado cojo. Los niños no cuentan con una figura paterna(/materna) en el hogar, y en su lugar cuentan con la televisión, los videojuegos o algún cuidador/a cuya labor, no es educar sino cuidar (y que por otro lado, por muy bien que lo haga y por muy buena persona que sea, no está suficientemente implicado en su educación). Además, el menor tiempo que los padres pasan con sus hijos conlleva que los primeros busquen evitar conflictos con los segundos, cediendo a sus demandas para esquivar momento incómodos ("para media hora que paso al día con él/ella, no voy a estar luchando y aguantando lloros" he llegado a oír). Son imprescindibles políticas que de verdad afronten la conciliación de la vida laboral con la familiar, que permitan que los padres puedan dedicar tiempo a formar mejores personas.

->Punto 3: En ausencia de las figuras paternas, se hace muy necesario la colaboración de toda la sociedad en torno a unos valores comunes que deberían ser inculcados en los jóvenes. Como dice J.A. Marina, “para educar a un niño, hace falta la tribu entera”. Comparto la idea de que aunque la responsabilidad principal a la hora de educar a un niño es la de sus padres (familia), ésta debería contar con la colaboración de todo el entorno (medios de comunicación, vecindad, administraciones, escuela, etc.) Aunque sé que ni la frase ni el autor son del gusto de cierto sector de la sociedad (padres objetores y aledaños) que los asocia con la tan polémica asignatura Educación para la Ciudadanía, convendremos en que sería deseable encontrar valores universales en los que todos (las muy distintas tendencias e ideologías) estuviéramos de acuerdo, más allá de interpretaciones y polémicas. Sé que es difícil, pero deberíamos encontrar puntos de encuentro en pro de la educación de las generaciones venideras. Éste es un tema complicado que desarrollaré en otro post.

->Punto 4: En los últimos años de "bonanza" económica (para algunos más que para otros) y de desarrollo de las comunicaciones, las nuevas generaciones se han acostumbrado a la inmediatez. Tienen acceso a mucho más (cantidad) y más rápido (tiempo). Este hecho, unido a lo expuesto en el segundo punto, conlleva que muchos niños no tengan hábito de coexistir con la frustración. La frustración asociada al hecho de no conseguir lo que se desea (tan habitual en la vida adulta) también hay que aprenderla, también hay que enseñarla. Esa frustración te ayuda a valorar lo que se consigue, y te ayuda a aceptar que no siempre se gana, que no siempre los deseos serán satisfechos. Está en nuestra mano evitar que nuestros jóvenes se acostumbren a vivir tanto con el SÍ como con el NO.

En mi opinión esas serían algunas de las principales causas que podrían haber provocado la actual deriva en el comportamiento de los jóvenes pero, y aquí pongo en duda (que no niego) la mayor: ¿es cierto que los jóvenes de hoy en día están más "desnortados" que las generaciones precedentes? ¿Es cierto que muestran una mayor carencia de valores? ¿No estaremos exagerando? Considero una buena práctica poner en duda todas las certidumbres propias, y en este caso no sé si no estaremos exagerando demasiado cuando establecemos comparativas entre las actuales generaciones de jóvenes y la mía misma. Quince o veinte años antes también existieron casos de excesos juveniles como los que hablamos. ¿No será que en la actualidad llegan más y antes a la opinión pública? ¿No será menos drástica esa deriva del comportamiento y ausencia de valores?
Quizás esa diferencia entre los jóvenes de hoy en día y entre los de mi generación no sea tan tan grande (sí con la generación de mis padres cuarenta años antes), lo cual nos llevaría a pensar que no debería ser tan difícil llegar a una solución del problema. Pero para llegar a una solución es imprescindible comprender cuáles son las causas del problema. En cuanto a las causas, seguro que no están en este post todas las que son, pero espero que alguna de ellas haya dado en la diana (si no en el centro, sí cerca), o al menos que haya hecho reflexionar a alguien. Y en cuanto a las soluciones, seguro que prácticamente todo el mundo coincide conmigo en que serían las adecuadas. Ahora bien ¿cómo lo hacemos? ¿Nos centraremos una vez más en detalles, perdiendo de vista que el problema se agrava cada día un poco más? ...
Y mientras, nuestros políticos y gobernantes perdidos en "cortoplacismos" y superficialidades.
Continúa...

¿Ingeniería? Tú sabrás...


Echo la vista atrás, y compruebo con sorpresa lo pronto que decidí que iba a estudiar Telecomunicaciones cuando diese el salto a la Universidad. No sé qué año era, pero debía cursar 6º ó 7º de EGB (allá en el Maestro Ávila). No era yo lo que hoy consideraríamos un friki con aptitudes especiales para lo tecnológico (por aquel entonces no sé qué palabra utilizábamos para referirnos a éstos). Ni siquiera, era algo que me gustase especialmente. ¿Por qué entonces lo tenía tan claro? Bueno, sería justo decir que tan, tan claro no lo tenía. Siempre me gustó leer y escribir, así que también fantaseaba con ser periodista o estudiar filosofía. Incluso hubo un tiempo que me planteé estudiar Astronomía (coincidió con una colección de fascículos que empecé un Septiembre). El caso es que, como siempre he sido una persona eminentemente pragmática, y mi padre no cesaba de decirme que las Telecomunicaciones era un campo con futuro en el que las salidas profesionales eran numerosas, finalmente terminé por decidirme por esa opción. He de decir que no recuerdo haber recibido ninguna presión para decidir sobre mi futuro Universitario. Es seguro que cualquiera que hubiera sido mi decisión, hubiera contado con el apoyo de mis padres. Pero decidí tirar a lo seguro.
Por desgracia, lo que todos creían (creíamos) que iba a ser una profesión de futuro, ha tornado en todo lo contrario.

Antes de proseguir, dejaré claro que, por suerte, no considero mi caso representativo del del resto de los profesionales del sector que yo conozco. Al contrario, creo que soy un privilegiado que no tiene mucho de qué quejarse, pero veo a muchos de mis compañeros que no han tenido tanta suerte.

Resumiendo mucho, el sector de las Telecomunicaciones se reduce a tres o cuatro (pocas más) operadoras y a cientos de "empresas" consultoras a las que en la jerga conocemos por cárnicas, básicamente porque se limitan a la venta de carne (o como a ellos gusta decir, recursos) a las empresas finales. Hasta hace poco (cuando las vacas eran más gordas), estas empresas contrataban a sus empleados por un coste X, para luego "ofrecer un servicio" a la empresa final (revendían al profesional) por un coste dos o tres veces mayor. Los costes para la cárnica eran bajos y las ganancias cuantiosas, por lo que los beneficios eran considerables. Bien es cierto que hubo gente que dio verdaderos pelotazos, saltando de consultora en consultora (pero trabajando para la misma empresa final), muchas de las cuales podrían permitirse reducir su ingente margen de beneficios para aumentar el sueldo del empleado saltarín. Pero la mayoría de las perdices se las comieron las consultoras. Sé de casos en los que la empresa final aumentó (por deslizamientos de categoría profesional) en varias ocasiones las tarifas que pagaba a una subcontrata por disponer de un recurso (humano), pero el empleado no se enteraba hasta años después porque su nómina no registraba incremento alguno. Fueron tiempos de excesos (fin de 90s y principio de 00s).
Pero lo bueno se acabó, y las empresas finales comenzaron a rebajar las tarifas y a reducir plantillas, siempre sacándose de encima a los recursos (insisto, humanos) subcontratados, que habían estado trabajando en numerosas ocasiones con la misma responsabilidad que cualquier otro empleado de la empresa final, o incluso durante una mayor periodo de tiempo. Pero claro, era mucho más barato despedirlos. No se renueva el contrato bimestral que tenían con la empresa subcontrata y listo. Cuando había suerte y la empresa final no prescindía del recurso, las subcontratas congelaban salarios para no reducir los beneficios, y santas pascuas. Y cuando digo congelar, digo subida del 0%. Ni IPC ni hostias.
¿Qué implicó todo esto para aquellos que no dieron el pelotazo en su momento (la inmensa mayoría)? La mayoría de aquellos que quisieron progresar profesional o económicamente no han tenido más remedio que pirarse de España (tengo amigos que se fueron a Francia o Irlanda). Tendrías que ver qué diferencias de consideración (profesional y salarial) hay en Europa o EEUU para Ingenieros e Informáticos. Otros fiaron su progreso a golpes de suerte en forma de contactos en operadoras y empresas grandes (de las que subcontratan), o estar en el sitio propicio en el momento justo. Vamos, una lotería poco ligada a la valía profesional.
¿Y dónde nos ha llevado esta situación?
Las empresas subcontratas, en sus intentos de aumentar beneficios, buscan formas de deshacerse de los empleados que llevan más tiempo en la empresa (EREs encubiertos, paquetizaciones, etc.). En otras ocasiones, son los Ingenieros que tienen el culo pelado de trabajar por poco (o los cuernos mellados de pegarse contra el muro del nulo reconocimiento a la labor realizada) los que dejan el sector desencantados.
Pero alguien tiene que sustituir a los desencantados. ¿Que quién? Pues o profesionales cada vez menos cualificados, con lo que se resiente la calidad del trabajo realizado (pero eso ¿a quién le importa?), o pobres infelices que después de estudiar 4 ó 5 años una carrera que cuesta lo suyo superar, se tiene que conformar con sueldos miserables.
Por lo que sé, en los últimos tiempos ha disminuido mucho el número de matriculados en carreras técnicas (Teleco, Inforática, Industriales, etc.). No me extraña. Hay muchos más sectores con mejores perspectivas. Olé por la tan cacareada Sociedad de la Información. A seguir así. Y luego nos preguntamos por qué estamos a la cola de desarrollo tecnológico en la UE. No es la única (ni mucho menos), pero ahí tenéis una razón.
Continúa...