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Celda211 (...y el thriller español)


Celda 211 es, como ya habréis escuchado, una película de las que enganchan. Por lo que sé, el boca/oreja ya está funcionando, lo que explicaría las tres semanas seguidas que lleva entre los primeros puestos de las películas más vistas, entre lunas nuevas, el dos mil doce veces contado fin del mundo y el Jim Carrey consiguiendo ser lo que siempre ha querido, un dibujillo animado.

La película dirigida con pulso y tensión por Daniel Monzón (mejora el amigo tras La caja Kovak), es una peli de cárceles de las de toda la vida. Pero de las buenas. Tiene ritmo, no decae en ningún momento y es poco previsible (al menos para un tío con luces limitadas como yo) lo que es de agradecer en el panorama fílmico actual, en el que la mayoría de las veces sabes qué es lo que va a pasar y casi todo te suena a ya contado. Y no es que la peli sea tremendamente original. Como ya he dicho se trata de una peli de cárceles, con sus lugares comunes, pero tiene un par de giros muy interesantes que se salen de la norma (hermano ;-).

Por tanto, tenemos una peli muy bien filmada por el director, con un guión (adaptado) bien construido a partir de una novela de una tal Pérez Gandul que no conozco de nada, y por último tenemos a los actores. Aparte de Tosar (inmenso), buena actuación del chico argentino Alberto Ammann que hace lo que puede con ese monstruo al lado, recuperamos para el cine de altos vuelos al Sr Resines (muy bien), siempre es un placer ver a Marta Etura (que además interpreta bien el papel de sufrida esposa), bien Manuel Morón (con esa cara de mosquita muerta) en el papel de negociador y, joder, hasta Carlos Bardem resulta creíble en el papel de Apache ladino (bien trabajado ese acento y maneras).

Y luego están las dos cosas que más me gustaron:

1.- La idea que subyace en la peli. En todo blanco hay (al menos) un lunar (si no un agujero negro oculto bajo blanca capa), y en toda negrura cabe un punto de luz (blanca, se entiende). Hace falta poco para sacar a la superficie aquello que, de tan profundo, ni siquiera sospechabas poseer (aquí, el luismi de longitud de onda, se congratuló de no estar solo). Siento ser críptico, pero no quiero destripar más de lo que ya he hecho hasta ahora.

2.- El personaje de Malamadre. No es sólo que Luis Tosar esté fantástico en el papel. Supongo que ya lo habréis oído por otros lados, así que no voy a abundar en ello. Es un actor como la copa de un pino (alto de cojones). Aparte de eso, lo que me atrapó de verdad fue el personaje en sí (aunque supongo que también en eso habrá participado el actor). Es cojonudo. Uno de esos tipos que, a pesar de su fondo de delincuente (malo, malo que te cagas), tiene ese punto de lealtad hacia sus compañeros, hacia su gente. Si estás en un agujero, reza por tenerlo de tu lado. Tiene palabra. Si Malamadre te dice que aparecerá en la fiesta de tu hijo vestido de payaso para alegrarle el día, lo hará (otra cosa es por qué demonios querría hacer algo así...). Y si se tiene que llevar por delante a dos pavos que quieran impedírselo, sea. Con un par.

Resumiendo: Muy recomendable la película para todos los públicos. Hasta para esos que despotrican con asiduidad del cine español, y dicen que en España sólo se hacen dramones, tonterías y guarrerías. Pues bien, para esos ignorantes que se creen que en España no se saben hacer thrillers de calidad, aquí está el tío luismi para educarlos. Que conste que no lo hago por mi, sino por vosotros, peazo cazurros prejuiciosos (con cariño). Si creéis que Celda 211 es una rara avis en el cine patrio, echad un vistazo a la siguiente lista y decidme si alguna de ellas no os pareció un buen thriller a la altura de muchos de esos americanos que perdemos las bragas por ir a ver al cine...

La caja 512
La noche del hermano
La noche de los girasoles
Todo por la pasta
Sólo quiero caminar
Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto
La vida mancha
Intacto
Palabras encadenadas
Segundo asalto
Sé quién eres
Tesis
El lobo
Días contados
Éxtasis
Ladrones
Los lobos de Washington

P.D: Colaboren, si tienen a bien, con la causa, añadiendo nuevas pelis

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Pequeño (****)


Más allá de las filias, fobias, ascos, repeluses, admiraciones o demás, por parte de los discípulos, seguidores, detractores u odiadores profesionales, hay que reconocer que este Bunbury hizo con Pequeño uno de los mejores discos que se hayan podido hacer en la música (reciente) española (o, que coño, de todos los tiempos).
Hay que reconocer que el personaje Bunbury, excesivo, histriónico, remedo de Jim Morrison, Dylan o quien toque en cada momento, puede llegar a cargar en exceso. De ahí que este tipo no deje indiferente a nadie (excepto a los muy equilibrados): o le aborreces o le amas. Pero no querría dejarme llevar por los lares comunes cuando se habla del antiguo líder de Heroes del Silencio, sino centrarme más bien en su música.

Tras un comienzo titubeante (todavía buscándose en Radical sonora), Bunbury dió en el clavo con Pequeño. Un trabajo que ya apuntaba la querencia por el cabaret y la teatralidad que ha desarrollado desde entonces, y que nos dejó pequeñas obras de arte. Que yo sepa (reclamo el consejo de los más sabios) allá por 1999, nadie en el panorama de la música española encaraba sonidos como los que parió Bunbury, con poca presencia de guitarras y plagado de secciones de cuerda envolventes e inquietantes, recurriendo a acordeones, xilófonos, órganos y sintetizadores, etc. Canciones sentidas, teatrales, letras profundas, ritmos hipnotizadores, con un tempo más lento que el que utilizaría después a partir de su siguiente trabajo Flamingo´s.
Hace poco he vuelto a escuchar Pequeño y, tratando de clasificarlo en mi biblioteca iTunes, he vuelto a escuchar canciones ya encumbradas y que han perdurado en la memoria del aficionado a la música como, El extranjero (cabaretera, circense, zíngara...), El viento a favor (qué construcción melódica, qué letra, bálsamo para perdedores y caídos) o De mayor (mandolinas mediterráneas, vientos, efectos y percusiones circenses de nuevo). Pero también me he reencontrado con otras aún más potentes como las enormes ¿Dudar?, quizás (arábiga y climática), Infinito (teatral, porteña, mariachi...), Contradicción (impresionante, in-crecendo brutal que cierra el disco), Robinson (evocadora, espacial) o Demasiado tarde (acuática, con el estribillo más rockero del disco o con esos interludios pianísticos y bajísticos). O también con las fantásticas Algo en común (inquietante tema que abre el disco), Sólo si me perdonas (grandilocuente y obsesiva), Lejos de la tristeza (ecléctica: cha-cha-cha o bossa nova, tango, todo en uno..) o Bailando con el enemigo (melancólica, vientos y cuerdas recursivas).
Cuánto tiempo sin disfrutar de estas canciones. Qué feliz reencuentro, Pequeño.
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El secreto de sus ojos (****)


Arrastrado por las buenas críticas, opiniones y consideraciones acerca de esta película (no puedo evitar leerlas), arrastré a su vez a Silvi (la cual nunca les presta atención) al cine en el día de ayer para ver "El secreto de sus ojos". Director (Juan José Campanella, autor también de El hijo de la novia, Luna de Avellaneda, o la teleserie Vientos de agua), y actores (Ricardo Darín y compañía) eran suficiente aliciente ya de por sí, pero las numerosas (y fervientes) recomendaciones terminaron por convencerme de que era la siguiente peli que quería ver. Qué acierto. Qué película más redonda.
Esperaba encontrarme otra peli de sentimientos al estilo de las anteriores colaboraciones de director y protagonitsa, pero no es sólo eso (que lo hay), si no también un thriller perfectamente contado, que te mantiene en vilo y pegado a la butaca.

Y qué decir de los actores. Aparte del magnífico (como casi siempre) Darín, la impresionante Soledad Villamil, que ya participó con el director en "el mismo amor, la misma lluvia". Qué ojos, qué belleza. Y qué interpretación. El contrapunto humorístico de la historia (qué también se arranca con unos cuantos golpes de humor que levantaron carcajadas en la sala) lo pone Guillermo Francella, al que no conocía pero que me parece excelente. Además, otros antiguos colaboradores del director como Pablo Rago (en Vientos de agua) en un muy intenso (no diré más) papel, o el español Javier Godino en otro corto, pero inquietante, papel, mantiene muy alto el nivel de la trama.
Para no destripar mucho, diré que la trama trata de la recreación de un caso de violación y asesinato que en el pasado unió a los dos protagonistas (trabajadores de un juzgado en la argentina pre-golpe militar), con la excusa de escribir una novela. Intriga, humor, amor, reflexiones acerca del poder de los recuerdos, de las segundas oportunidades o de cómo reaccionar ante tragedias que golpean nuestras vidas, hacen de esta película, la mejor que he visto en los últimos meses (quizás años diría yo).
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Gustos y disgustos


Más de una vez he hablado con mi hermano David, acerca de la conveniencia o no de las recomendaciones. Para gustos, colores dicen por ahí. Efecitiviwonder. Por ello, no pretende ser es ésta una sección de recomendaciones, sino más bien, un esfuerzo más para mostrar qué es lo que soy a través de mis impresiones sobre las muchas manifestaciones artística (o no), léase música, cine, libros, etc.
A partir de mis gustos y mis disgustos, más fácil será conocerme. Y como no creo en el misterio en lo que a las relaciones personales se refiere, y si por el contrario en la transparencia que evite confusiones y malas interpretaciones acerca de qué siente, cómo es, o qué diantres le pasa por la cabeza a este chico, pues mejor que mejor si convierto esta sección en un escaparate de mis filias y mis fobias. Ale.


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